En mi trayectoria con los mandalas, todavía no había experimentado esta otra manera de realizarlos. Siempre acostumbro a empezar conectando con el centro.  A partir del punto central, dejo que fluyan los demás elementos y se vaya configurando el mapa visual con la esencia que se expande hacia el exterior.

Estoy feliz de poder compartir lo que ha supuesto experimentar este proceso a la inversa:

De un tiempo a esta parte,  he tenido importantes y grandes cambios, algunos muy deseados y otros sencillamente biológicos, de proceso vital. En este reajuste físico, cultural y emocional,  a menudo no reconozco la imagen reflejada el espejo. Las referencias que me identificaron hasta hoy, están lejos ahora. Me siento adaptándome a un cuerpo nuevo y un nuevo entorno a la misma vez, como serpiente de agua sobre la arena, que no cabe en la antigua piel.

A menudo esto provoca desconcierto, vacío, tristeza y malestar. Decido utilizar lo que sé de mandalas para transmutar este incómodo estado.

Comienzo el mandala conectando con lo más lejano y cercano a la vez. Todo es nada, nada es todo.

En el no espacio/no tiempo, la ecuación exacta es cero.

¿Quien soy? ¿Cuál es mi grupo de pertenencia? Quiero recuperar memorias de lo que no tiene nada que ver con la identidad material.

Siento la oscuridad compartida con millares de estrellas.

Polvo de estrellas y luciérnagas, cuerpos de luz viajeros, buscando la fuente.

Todos los colores se funden en el blanco, su luz brillante se expande, los refleja todos a la vez

y cada uno cristaliza con las memorias del origen: yo soy

Merkaba, la experiencia consciente que conecta pasado, presente y futuro.

Alfa y Omega.

Amor es el origen, Amor es el destino.

Ahora recuerdo que, como tu, yo soy cristal de luz, polvo de estrellas y luciérnagas de color. Recuerdo la luz que soy , te recuerdo y recuerdo otras almas,compañeras de viaje, cruzando océanos de tiempo para Ser aquí y ahora, para evolucionar y regresar a casa más libres y más sabias.