Carl Gustav Jung considera que los Mandalas son una expresión del inconsciente colectivo, como fenómenos ancestrales que se producen  en diversas culturas y sociedades dando forma a nuestra manera de ser. Por lo tanto, desde su punto de vista, el mandala forma parte de los arquetipos humanos.

Según Jung, en el centro de un mandala, el individuo, se representa a sí mismo intentando perfeccionar su individualidad. La función básica que tienen entonces los Mandalas es condensar y centralizar las energías positivas - del cosmos o de las personas - y trabajar su ego, logrando dar así un sentido más armonioso, fluido, y evolutivo a cualquier situación de caos, confusión o de excesiva racionalidad y rigidez.

Ésto nos ayuda en el proceso de auto-conocimiento y acercamiento a la sabiduría de nuestro ser espiritual, haciendo más fácil el camino hacia nuestra auto-realización y felicidad.

Gracias a sus estudios, conocemos también los Mandalas como una herramienta terapéutica. Para Jung, son el arquetipo del orden interior psíquico: un símbolo de totalidad, abarcada por el hecho de que existe un centro y una periferia que lo engloban.

Por este motivo, en momentos de desorden o estados de caos mental, puede aparecernos este símbolo, ya sea en forma de mandala dentro de un sueño, o como dibujos fantásticos imaginados.

Jung observó que sus pacientes espontáneamente dibujaban mandalas e interpretó que estos dibujos reflejan una tendencia natural de auto-regulación del psiquismo. Definió a los mandalas no solamente como manifestaciones simbólicas ancestrales, sino que yendo más lejos, las consideró una necesidad de la psique humana para organizarse.