El arte de vivir con consciencia es una realidad muy distinta para cada ser

A menudo buscamos sin saber que ya somos lo buscado

Desde el esfuerzo por asegurar la supervivencia física hasta la más elevada realización espiritual pasamos por varios estados “escalones” de actividades ordinarias, buscando el placer y la satisfacción de los deseos.

¿Cuál es el camino?

Cada uno dibuja su propio mapa, su propio camino. Deseamos libertad, sabiduría y felicidad, olvidando que estos tres dones nos fueron concedidos por el simple hecho de haber nacido. La sed es real, el hambre es real, el frio es real, el miedo es real…

¿Por qué? Porque nosotros somos los creadores de esta realidad, de nuestra realidad.

En el universo todo existe en abundancia. No basta con saberlo, no basta con desearlo.

El proceso de transformación tiene sus leyes y sus pasos

Nuestra cultura nos ha transmitido desde el origen que el saber se alcanza con sufrimiento.

¿Por qué experimentamos sufrimiento cuando ya tenemos claro que queremos vivir con plenitud? Sin duda porque hemos venido a aprender.

Para llegar a experimentar lo que ya somos, que ya tenemos lo que queremos, es necesario alinear nuestros 4 cuerpos con esa realidad. Para hacer un pan no basta con disponer de todos los ingredientes, por excelentes que estos sean. Dentro del pan de cada día existe la suma de muchos procesos: desde la semilla que se convierte en espiga gracias a la tierra que la cobija y sostiene, gracias al sol que le proporciona calor y luz, al agua que le da alimento, a la mano que cuida las circunstancias para favorecer su crecimiento, al molino que la desmenuza convirtiéndola en suave harina…Desde las bacterias que se multiplican para darle consistencia mullida, desde el granito de sal que alguien obtuvo del mar o las minas para potenciar el sabor…

No basta con tener todos los ingredientes al alcance. Para obtener un pan, hay que mezclar, amasar, dejar un tiempo para que se acoplen, interactúen y sucedan las condiciones ideales para el cambio de forma. También hay que encender el fuego, último paso de la alquimia que convierte al conjunto en una unidad, un manjar, un alimento básico.

¿Se esfuerza el sol para brillar? ¿Se esfuerza el mar para producir sal? ¿Se esfuerza el paladar para saborear?

Todo sucede de forma natural

¿En qué parte del proceso interviene el esfuerzo? Es evidente que amasar y encender fuego implica una acción, un trabajo, ahí es donde aparece el esfuerzo.

Vivimos con el patrón incorporado: trabajo = esfuerzo.

¿Cuándo aparece el sufrimiento? Nos enseñaron y creímos que esfuerzo = sufrimiento. Hacer un pan puede convertirse en tortura si aplicamos estas premisas, sobre todo cuando podemos comprarlo pagando el esfuerzo del panadero.

Cuando nos enganchamos al patrón trabajo = esfuerzo = sufrimiento, lamentamos trabajar para obtener dinero para pagar el pan.

¿Podemos cambiar el enfoque? Si hacer pan es lo que me gusta, obtengo placer en esa acción y la premisa cambia: trabajo = esfuerzo = placer.

Aunque somos seres creativos con capacidad y talento para elaborar un pan, quizá preferimos ocupar nuestros esfuerzos en realizar otras tareas que nos producen placer.

A menudo un cambio de patrón es la primera capa que desvela otro que está más oculto

¿Qué esconde el sufrimiento?

Sufrimos porque llevamos la culpa original de querer saber. Otra creencia cultural que impide aceptar la recompensa al esfuerzo. Hemos crecido con la idea de que sin sufrimiento no se aprende y el trabajo sin sufrimiento no merece recompensa.

De cada uno depende la elección. Podemos vivir en el programa que nos desgasta, vacía y deprime o, sabiendo que podemos crear nuestra realidad, podemos programar nuestra vida sintiendo que somos merecedores de bienestar.

Basta con romper el patrón, basta con el deseo auténtico sentido desde el alma para empezar a vivir lo ordinario de forma extraordinaria, experimentando plenitud a través de lo que sentimos y hacemos. Basta con abrir el corazón para recibir todo lo que el universo nos puede enviar cuando creemos que realmente merecemos.

Tomar consciencia de nuestra estructura, nuestras creencias y principios es el primer paso hacia el cambio.

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